Frustraciones habituales del buen amante del vino

amante del vino

Ser un amante del vino no es una tarea tan fácil como puede parecer a simple vista. Requiere de años y años de dedicación a la degustación de los mejores caldos y de una buena disposición al maridaje de esos vinos según las comidas adecuadas a cada estación del año.

El buen amante del vino no se limita a comprar los vinos más caros en las estanterías de los supermercados, sino que planea visitas a las más variopintas bodegas y ojea multitud de tiendas de vino por Internet con el fin de dar con el vino más original y perfecto para cada ocasión.

El buen amante del vino también gusta de sorprender a sus invitados en casa con los caldos más inusitados y deliciosos, además de ser el encargado de dejar ojipláticos a sus compañeros de mesa a la hora de pedir los vinos en un restaurante.

Pero aparte de esas “duras” tareas en las que puede llegar a verse envuelto el amante del vino, su vida puede verse sometida también a una serie de frustraciones difíciles de entender por el resto de los mortales.

Encontrar ese vino que tanto te gusta y descubrir que está agotado

Tienes un vino fetiche desde hace años. Lo probaste un día por casualidad y a partir de ese momento se ha convertido en el incondicional de tus eventos más destacados y de los que no lo son tanto. De hecho, es un incondicional y punto. Todas las ocasiones son perfectas para abrir una botella de ese vino y deleitarse en su cata. Sin embargo, ese vino que tanto te gusta no es caldo de cualquier supermercado y puedes llegar a estar meses sin seguirle la pista.

Puede llegar el caso de que te hayas pasado meses recorriendo como un zombi las estanterías de las tiendas especializadas, visitando vinotecas sin éxito y acudiendo a tus tiendas online de cabecera sin ningún atisbo de esa botella que te da la vida. Pero esa frustración no es nada si se compara con la sensación que experimentas cuando por fin encuentras en un catálogo la mejor cosecha de ese vino y, cuando vas a comprarlo, está agotado.

Sentirte incomprendido cuando enseñas tu colección de vinos

vinoCuando la cosa se te empezó a ir de las manos decidiste montar una bodega en casa. Elegiste el lugar y cuidaste de que la humedad y la temperatura se mantuvieran perfectas. Sin embargo, ése fue sólo el principio de tu epopeya. La bodega fue seguida de años de selección de las mejores botellas de las bodegas más reputadas (y de las más inesperadas). Para ti, tu bodega es uno de tus mayores orgullos, es una de las cosas que te alegran el día cuando llegas a casa y es un rincón frente al que te gusta deleitarte cuando necesitas un rato de contemplación.

Sin embargo, no existen las palabras para describir la decepción que puedes llegar a experimentar cuando enseñas con el pecho henchido tu “gran obra” a tus invitados y ellos sólo ven una habitación con vino.

Darte cuenta de que esa botella que reservaste durante años finalmente se ha picado

No puedes ni recordar cuando ese preciado caldo llegó a tus manos. La emoción fue tan grande que decidiste guardarlo para un momento especial, muy especial, demasiado especial. Porque el problema empezó cuando ningún momento te pareció lo suficientemente bueno para abrir la botella de vino y siguió aguardando durante años una muestra de tu atención.

Entonces pasa. Encuentras el lugar y las personas perfectas para compartirlo. Es una gran ocasión y sabes que lo va a merecer, que tu botella de vino va a ser la protagonista de la noche. Orgulloso y sabedor compartes tu ilusión con tus convidados y todos esperáis con fervor a que el sacacorchos haga su parte. Pero esperaste demasiado tiempo. Cuando das el primer sorbo te das cuenta de que la botella que guardaste con tanto celo ha terminado por estropearse en la espera.

El punto paradójico de esta indeseada situación se da cuando algún comensal poco ducho en vinos comienza a celebrar el vino picado, sólo porque estima que es lo que toca hacer.

Tener una botella del mejor vino y nadie con quien compartirlo

¡Por fin ha llegado a tus manos! Es la tan ansiada botella y no quieres que termine picándose, olvidada en un rincón de tu bodega. Quieres hacer su degustación todavía más especial y, sin embargo, no conoces a nadie que sepas que pueda apreciarlo tanto como tú lo harías.

Llegados a este punto, no desesperes. ¡Mejor sólo que mal acompañado! Prepara un sofá en el que te sientas cómodo y recréate en su cata. Es mejor que no te la bebas toda, porque entre la tercera y la cuarta copa te va a dar igual el vino del que se trate. Elige un buen método de conservación para las botellas abiertas y resérvala para el próximo rato que te dediques a ti mismo.

Ver cómo tus amigos conservan sus mejores botellas de tinto en la nevera

Estás invitado a una cena entre amigos en casa ajena y preguntas ávido por dónde tienen guardado el vino que se va a servir durante la comida, con el fin de empezar con su decantación. Sin embargo tú, gran amante del vino, entras en pánico cuando te contestan que la botella de vino se encuentra en la balda de arriba de la nevera, junto a las cervezas.

Recibir miraditas cuando pides vino en las comidas de trabajo

e602aecd131b04c79e5912da5ccd454cHay dos tipos de comidas de trabajo: las de los amantes del buen vino y del buen comer y las de los que no lo son.

En el primer caso, elegir una buena botella de vino no sólo está permitido, sino que es lo mínimo que se espera de la comida de trabajo.

En el segundo, el resto de comensales se decantarán por beber agua o coca cola, excepto algún aventurado que pida una caña de cerveza, y tú, pobre infeliz, te sentirás escrutado, examinado y terriblemente juzgado cuando no renuncies a pedir una botella del mejor vino de la carta.

No entender como la gente es capaz de beber cualquier vino

El abanico en la oferta de vinos es amplio, muy amplio, y hay tantas calidades como vinos en él. Cada vino es especial por sus características, por su aroma, su color, por su textura, por cómo pasa por el paladar… Pero hay una diferenciación en la que todo amante del vino está de acuerdo: hay vinos buenos y vinos malos.

Beber cualquier vino es podría equipararse a beber un vino malo, pero lo peor llega cuando el consumidor ni siquiera es capaz de percibir la diferencia en la elección. No desesperes winelover, con muchos de esos, tú tocarás a más y a mejor precio.


¿Alguna vez te has visto envuelto en una de estas situaciones? ¿Qué es lo que saca de quicio tus sosegados nervios de amante del vino?

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Un comentario sobre “Frustraciones habituales del buen amante del vino

  1. Una buena colección de frustraciones sobre el vino.
    La peor en mi opinión es no tener con quien compartir una buena botella de vino, la buena compañía duplica el disfrute del vino.
    Saludos.

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